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Francisco Larrauri Psicólogo

Asociación de víctimas: <<homo hostilis>>

No estamos ante la necesidad de un olvido creador, sino ante un histórico pacto de la sociedad con la imperiosa necesidad de una memoria creadora y reparadora para toda las víctimas

Se comentó hace meses en varias cadenas de televisión la conducta de un periodista que, retransmitiendo en directo el traslado de un detenido, azuzaba con el micro abierto a los allí presentes con un <<señora, ahí viene, grítenle que es el culpable>>. La cámara evidentemente grabó las reacciones airadas de los que eran testigos de la rabiosa actualidad y del acompañamiento policial, pero todo el mundo descubrió que el locutor-periodista era quien instaba, groseramente y sin disimular, al insulto y al griterío irracional de los allí presentes.

Aquel profesional de los medios se tuvo que tragar sus palabras por creerse dispensado de la ética profesional e inmune a los errores ya que posteriormente las investigaciones demostraron que el detenido para el que solicitaba los improperios y humillaciones resultaba ser inocente.

El psicólogo Sam Kemusa emplea precisamente la idea de homo hostilis en el sentido de una sociedad como fabricante de enemigos, como se descubrió públicamente en aquel mal profesional del micro y como lo efectúan ciertos medios de la prensa escrita con los presos políticos vascos.

La técnica de fabricar enemigos se utiliza con los presos vascos generalmente después de 10 ó 15 años de aislamiento, incluso con la condena cumplida en la más severa clandestinidad impuesta o cuando exigen un tratamiento médico, un traslado o cualquier diligencia que ciertos medios valoran como atenuación y favor en el cumplimiento de la pena, aunque se atenga la demanda a la más estricta legalidad. Entonces aparecen nuestros paisanos en los titulares de la prensa españolista que, con letra falsa y con imagen distorsionada, aspira a crear un enemigo al que se pueda descuartizar y destruir sin que se sienta ninguna culpa.

Para ello se exagera cada rasgo con la letralleta (instrumento bien descrito por Jon Odriozola), hasta convertir al preso, sin excepción al preso político vasco, en una alimaña. Se cargan las tintas y las sombras para deformar su imagen, o su sonrisa, hasta que se obtiene el retrato más tenebroso posible.

Caracterizado así el preso, sin excepción el preso político vasco, para que parezca más un demonio o una bestia que una persona, empieza la manipulación política para que los prejuicios personales que se basan muchas veces en mentiras y muy pocas en pruebas, construyan su enemigo particular.

Acto seguido se da la palabra a alguna asociación oficial de víctimas y se le excita perversamente hasta que aflora el lado más oscuro de la delegación o directamente se le pide, como hizo aquel locutor, que les griten.

Entonces algunas asociaciones, para mantener viva la imagen de un enemigo, proponen borrar cualquier constelación de amor en torno al corazón del prisionero, a pesar de ser personas como nosotros, madres, padres, hijos e hijas, hermanos y hermanas y su perfil tan amplio y variado como lo puede ser el nuestro.

El intento de asentar tal proceso de deshumanización en los presos, sin excepción en los prisioneros vascos, lleva a proponer la negación si es preciso del derecho a la maternidad o a la paternidad. Otras asociaciones pretenden oficializar este proceso de deshumanización mediante una alucinante judicialización especial de otros aspectos humanos y sociales, exigiendo las correspondientes sentencias carentes de escrúpulos.

Una asociación con este bagaje podrá progresar cuando en su conjunto pueda resolver sus conflictos sin resolver y deje de ser de una vez por todas más víctima, si cabe, del odio, del rencor y de algún depravado entrevistador que manipula su dolor no para construir una nueva historia, sino para mantener viva la confrontación con su particular idea política.

El homo hostilis demuestra que, hasta que no solucionen sus rechazos interminables y permanentes, serán víctimas de la impotencia que se alimenta directamente de las tinieblas, porque guerra y pactos no están distanciados entre sí, ya que normalmente se imponen a las partes al fin de un conflicto.

Y es en este final, proceso terapéutico por excelencia, cuando se podrán convertir en admirables y sanos protagonistas, porque no estamos, como afirma Nietzsche, ante la necesidad de un olvido creador, sino, por el contrario, ante un histórico pacto de la sociedad con la imperiosa necesidad de una memoria creadora y reparadora para todas las víctimas.

Post scriptum: Concluido este artículo, acabo de enterarme del apedreamiento de un autobús de familiares de presos en su viaje a la cárcel de Puerto de Santa María.

El humano hostil ha configurado su psiquismo beligerante en base a un enemigo inventado que le lleva a agredir a todos los extraños que asocia con su enemigo.

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